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El Corredor Verde de Altea es una ruta interpretativa ambiental que te invita a explorar los espacios naturales más destacados del municipio. Esta ruta, que se superpone en parte con la Cami Reial, ofrece una experiencia única para conocer la riqueza ambiental y cultural de Altea.
Se trata de un recorrido apto para personas con movilidad reducida. Estas rutas discurren mayoritariamente por caminos transitados por vehículos motorizados. Debes extremar las precauciones para evitar accidentes. Utiliza ropa reflectante y luz por la noche.
La ruta comienza en la desembocadura del río Algar y finaliza en el antiguo cuartel de Carabineros cercano a Villa Gadea, pasando por la antigua "Via Dianium" y el camino de Sant Tomás.
Durante el recorrido, podrás disfrutar de la zona húmeda protegida de la desembocadura del río Algar, el ámbito marino del Parque Natural de la Serra Gelada, y el Monumento Natural del afloramiento volcánico de Cap Negret y Playa Fósil.
La ruta es lineal, por lo que se recomienda planificar el transporte desde el punto final hasta el inicio, o disponer de un vehículo en cada extremo.
Este molino de dos muelas fue construido posiblemente en el siglo XV. Daba servicio a los pueblos de Calp, Benissa y Teulada, que constituían junto con Altea, la baronía del Marqués de Ariza. Como sus habitantes estaban obligados a moler dentro del señorío, habían de recorrer continuamente el Camino Real de la Mar para traer el grano hasta aquí.
Su proximidad al mar, continua fuente de peligros, hizo que tuviera su propia torre defensiva.
El molino funcionaba gracias a las aguas de la acequia de La Pila y Cap Negret. Los sobrantes de riego se almacenaban en una gran balsa contigua de la que se abastecía el molino.
Estuvo en funcionamiento hasta principios del siglo XX.
Los usos del aceite van desde la alimentación y la iluminación hasta la medicina y la cosmética, por lo que se ha cultivado desde el origen de la civilización. En Altea se plantaban como árboles aislados o en pequeños grupos dirigidos al consumo doméstico. No hubo grandes plantaciones de olivos antes del siglo XIX.
A principios del siglo XX los productos tradicionales de secano alteano, la pasa y la algarroba, fueron sustituidos por la almendra y el aceite, lo que produjo entre 1887 y 1962 un incremento de la superficie dedicada al olivo de 13 a 308 hectáreas. A partir de esa fecha, la extensión del regadío permitió la sustitución de los cultivos de secano por los naranjos y níspereros.
Este olivo de más de 250 años sigue aquí como testimonio de la evolución agrícola de los últimos siglos.
La capilla en honor a Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia en el siglo XVI, fue consagrada en 1756. La construyó como oratorio particular en su residencia don Jerónimo Thous, pero hay indicios de la existencia de otra capilla anterior de finales del siglo XVII.
A diferencia de las demás ermitas de Altea, su altar lo preside un cuadro en lugar de una estatua del santo. Su otra peculiaridad es que cuenta con dos pequeñas espadañas, una sobre la puerta y otra en la parte trasera.
Actualmente, es la ermita donde celebran sus fiestas los vecinos de la partida de Cap Negret el primer fin de semana de septiembre.
Desde mediados del siglo XIX algunas de las más importantes fincas agrícolas fueron reformadas para transformarse en auténticas residencias y palacetes. Es el caso de la Finca el Palasiet, la Finca la Morería, la Casa del Canonge, la Finca Montemolar o esta, la Finca Marycel, donde veraneaba en su infancia la escritora Carmelina Sánchez-Cutillas.
El árbol monumental que ves junto a la casa es una araucaria. Este árbol, proveniente de Oceanía, era muy cotizado por su elevado y recto tronco que se utilizaba para elaborar los mástiles de los grandes veleros, pero también servía como símbolo del estatus de estas poderosas familias de propietarios.
Las araucarias y estas casas todavía asumieron otra función: se usaban por los marineros alteanos como referencia para la navegación de cabotaje
Además de la belleza del paisaje que ocupa el Cap Negret, este enclave presenta un elevado valor geológico. Junto a las llles Columbretes y Cofrents, Cap Negret es uno de los tres paisajes volcánicos que podemos encontrar en tierras valencianas.
Estas rocas volcánicas, que dan nombre a la partida rural, corresponden al cuello de un antiguo volcán submarino que entró en erupción hace unos 220 millones de años. Para entonces la Tierra todavía estaba formada por un único supercontinente, Pangea, pero en este momento comenzó a desgarrarse en un proceso tectónico que conduciría a la formación de los continentes actuales. Esas enormes fracturas emitieron grandes cantidades de magma, siendo este afloramiento volcánico una magnífica evidencia del comienzo de dicha fracturación.
Durante este proceso las placas africana y euroasiática encerraron una parte del antiguo mar de Thetys para formar el Mar Mediterráneo. La fluctuación del nivel de sus aguas ha sido constante a lo largo de su existencia. Muestra de ello es la playa fósil tirreniense de unos 100.000 años de edad que podemos encontrar al norte y sur del puerto. Estos depósitos marinos fuertemente litificados presentan una extraordinaria riqueza de especies fósiles y, concretamente, la máxima concentración de ejemplares del molusco gasterópodo Strombus bubonius observable en todo el litoral peninsular. La presencia de estos fósiles propios de climas más cálidos indica que la temperatura del mar y por tanto global era superior a la actual, lo que suponía al mismo tiempo un nivel del mar más elevado debido al deshielo.
La transformación geológica del territorio continua hoy con la erosión marina que poco a poco va desgastando la línea costera. (Información extraída de informes realizados por el geólogo Alfonso Yébenes, divulgador y promotor de la protección de este espacio junto con el biólogo Joan Piera.)
La zona de L'Olla ha sido desde la antigüedad un puerto refugio natural para la navegación, ya que está resguardada de la mayoría de vientos. Está documentada la existencia de un fondeadero en época romana, islámica y las actividades comerciales y de pesca se mantuvieron hasta el siglo XX.
A finales del siglo XIX la alta burguesía descubre L'Olla de Altea y empiezan a construirse también estas villas de descanso al lado del mar, como es el caso de Villa García.
Aunque las molduras que coronan la cornisa llevan este nombre, la casa fue originariamente la residencia de verano del tenor Emilio Sagi Barba y su esposa Luisa Vela durante sus estancias en Altea, por lo que era conocida como la Villa Sagi-Vela.
Estos nidos de ametralladoras, llamados popularmente Bunkers, fueron construidos en 1937, durante la Guerra Civil española. Después de que la flota republicana perdiera el control de las costas mediterráneas bajo el bloqueo naval que imponían italianos y alemanes, se planificaron estas defensas costeras para repeler un eventual desembarco del ejército franquista. Sin embargo, nunca entraron en servicio, ya que su objetivo era meramente disuasorio.
En total eran ocho los que vigilaban la bahía de Altea, de los que actualmente sólo permanecen dos: el de Cap Negret y el de L'OIIa. Existe un tercero sumergido en la playa de Cap Blanch.
Los fondos marinos frente a I'OIIa y Cap Negret, incluidos dentro del Parque Natural de la Serra Gelada, gozan de un saludable estado de conservación. En estos fondos, a no mucha profundidad, habita la emblemática Posidonia oceánica. Las praderas de posidonia actúan como verdaderos bosques submarinos y constituyen el ecosistema marino más importante y complejo del litoral mediterráneo. Además de ofrecer abrigo y alimento a centenares de peces y otros organismos marinos, estas praderas son una importante fuente de generación de oxígeno, aportan claridad al agua, estabilizan el fondo marino y reducen la erosión en las playas, entre otras funciones.
Las praderas de la bahía de Altea se encuentran entre las mejor conservadas del levante español, aunque en la actualidad se encuentran en regresión. Esto se puede deber a la contaminación de las aguas, a la pesca de arrastre, al fondeo incontrolado de embarcaciones de recreo, etc.
Una playa con algas no es una playa sucia sino sana. Los restos de posidonia que encontramos en la playa han sido utilizados desde tiempos remotos para numerosos usos: cama para los corrales, alimento para los animales, protección en el transporte, planta medicinal y otras. Aunque en la actualidad estos usos han desaparecido, la presencia de sus restos en las playas son un claro indicador de aguas limpias.
Esta es la primera de las villas de recreo que se construyó en L'Olla: Villa los Ángeles o la Finca de Gadea. Fue construida a finales del siglo XIX por encargo del senador y rector de la Universidad de Valencia Vicente Gadea Orozco, y recibió originalmente el nombre de su hija.
Se trata de una villa paladiana que sigue el modelo creado por arquitecto renacentista Andrea Palladio. Presenta un gran espacio central a partir del cual se distribuyen el resto de estancias.Además de la residencia tenía un estanque recreativo y su propia capilla, donde se celebraban antiguamente las fiestas de Sant Llorenç de I'Olla.Durante la Guerra Civil española toda la finca fue incautada y sirvió de residencia para los niños refugiados de Madrid.
En sus jardines se celebraron, durante los años sesenta, los Festivales de España
La bahía de Altea, dentro del Parc Natural de la Serra Gelada, posee un elevado valor ambiental. En sus aguas podemos observer una gran diversidad de especies, algunas de ellas protegidas, como el delfín mular (Tursiops truncatus) o la tortuga boba (Caretta caretta).
El entorno marino de l'Illeta de I'Olla es uno de los enclaves más valiosos y con mayor diversidad de la Bahía de Altea. Aquí encontramos una pradera de Posidonia oceanica en estado óptimo de conservación, longeva y bien estructurada, que forma arrecifes-barrera de gran altura y que alberga numerosas especies de fauna marina.
Una de estas especies es la nacra (Pinna nobilis), un molusco bivalvo endémico del Mediterráneo. Este curioso animal, muy abundante en el entorno de la isla, puede llegar a medir un metro de altura y vivir alrededor de 20 años. Actualmente, esta especie protegida se encuentra en regresión, debido principalmente al fondeo de embarcaciones.
A poca profundidad, en zonas rocosas batidas por el oleaje, encontramos una franja marina característica de nuestro litoral y de elevado valor ecológico: las cornisas de vermétidos. Estas llosas o plataformas aparentemente rocosas, son en realidad estructuras orgánicas formadas por un caracol que, con la ayuda de algas calcáreas, forma un conglomerado de consistencia parecida al de la roca. Estas formaciones son indicadoras de aguas limpias y bien oxigenadas y dan cobijo a un elevado número de especies.
El entorno marino de l'Illeta de I'Olla es un espacio sensible y frágil. ¡Respétalo!
La zona de L'Olla, protegida de los vientos y del oleaje, ha sidodesde la antigüedad un punto importante para la navegación.
En la cima de la peña negra de Cap Negret se situó un antiguo santuario fenicio que servía de referencia a los marinos como si de un moderno faro se tratase.
De época romana existen diferentes pecios de barcos en la zona que evidencian una importante actividad comercial. Además, los restos arqueológicos hallados en L'Illeta indican que la actividad continuó en época islámica.
El uso comercial de este "puerto natural" o refugio se prolongó hasta el siglo XIX, cuando se construyeron las instalaciones comerciales del embarcadero que mantuvieron su actividad hasta la construcción del puerto de Altea en 1935.
A partir del siglo XVII, con la pérdida de parte de la importanciacomercial en el Mediterráneo, tras la apertura de las rutas atlánticas, L'Olla también se convirtió en un buen enclave para el contrabando. Para intentar evitar este comercio fraudulento se construyeron a finales del siglo XVIII los primeros puestos de control, antecesores de este cuartel de carabineros.
En las inmediaciones existía un almacén secreto donde los contrabandistas depositaban sus mercancías, en la casa conocida como de la Por (del miedo). Fantasmas, duendes y almas en pena siempre la rondaban, e incluso unas brujas que eran capaces de cruzar el océano en una sola noche. De esta manera, los contrabandistas ahuyentaban a los curiosos y si una mañana alguien encontraba granos de café en la playa, se les había caído a las brujas. El contrabando y sus leyendas se mantuvieron hasta el siglo XX.
Desde la antigüedad hasta principios del XX esta zona de la costa alteana, protegida de los vientos y del oleaje, se utilizó como refugio de embarcaciones.
En el siglo XIX se construyó en este punto un embarcadero. El conjunto de instalaciones lo formaban un almacén, una báscula y el muelle para mercancías, que se trasladaban a los barcos a través de embarcaciones más ligeras.
Desde aquí se expedían almendras, pasas, frutas, hortalizas, así como adoquines, provenientes de las canteras de pórfido y que sirvieron, por ejemplo, para pavimentar Valencia.
Es por esto que el Corredor Verde de Altea es una experiencia enriquecedora que combina naturaleza, cultura y paisaje, ofreciendo una visión integral de la belleza y el patrimonio.
Ruta Verde de Altea